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La semana pasada asistí a la presentación de los proyectos seleccionados de DKV Impacta, la convocatoria de innovación social en salud para entidades del tercer sector y emprendedores sociales del Grupo DKV.

Me llevé una muy buena impresión de los proyectos seleccionados. En momentos en que innovación suele asociarse casi en exclusiva con el uso de tecnologías, en este caso el criterio era mucho más valioso: poner el foco en problemáticas que no están bien atendidas y ofrecer soluciones novedosas, sea por los procesos o por los instrumentos utilizados. Es decir, hacer las cosas de otra manera para cambiar la realidad de verdad.

➡ El proyecto STOP bacterias resistentes a los antibióticos del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) desarrolla un Kit PCR para detectar la presencia de esas bacterias en aguas regeneradas.
➡ La app TEAF de la Fundación VISUAL TEAF pone a disposición de los profesionales sanitarios un instrumento sencillo y validado clínicamente para el diagnóstico temprano de ese trastorno.
➡ Jaque-Emet: un tablero de oportunidades. Un proyecto de la Fundación EMET que utiliza el ajedrez para combatir el sedentarismo cognitivo en colectivos vulnerables.
➡ BLOPUP: Blood Pressure under Pressure es un software desarrollado por Salut Sense Sostre para diagnosticar la hipertensión en personas sin hogar.
CARDI@ANGEL pretende crear una red de voluntariado capacitada en reanimación cardiopulmonar RCP, para dar esa primera atención rápida cuando se produce un ataque al corazón.

¿Cómo es la comunicación de estos proyectos?

1️⃣ Los destinatarios como punto de partida. Los proyectos mostraban soluciones orientadas a resolver problemáticas concretas. Y eso es posible porque sus promotores conocen de primera mano esas situaciones desde sus posiciones de investigadores, profesionales de la salud u organizaciones que trabajan con colectivos específicos.

2️⃣ La construcción de alianzas. La capacidad de penetración e impacto social de los proyectos está condicionada por su capacidad para que distintos actores colaboren. Esta búsqueda de alianzas también se relaciona con la viabilidad y sostenibilidad económica de los proyectos.

3️⃣ La construcción del relato. En la presentación quedó de manifiesto todo el trabajo de construcción de la narrativa de los proyectos, para «vender» la idea y mostrar su impacto social. Un relato articulado desde la identificación del problema, pasando por la solución ofrecida hasta llegar al impacto deseado, la sostenibilidad y escalabilidad, en el que destacaban los CÓMO y los PARA QUÉ de las soluciones.

Sin duda, resultado del gran proceso de mentoring del que disfrutaron estos proyectos a través de DKV impacta.

sentidos de la comunicación en salud

Imagen de «Noche de tormenta», Michéle Lemieux, Lóguez Ediciones.

Cuando hablamos de comunicación, estamos hablando de procesos de construcción social de sentidos.

Muchas veces me preguntan, cuando voy a dar alguna formación, qué entiendo por comunicación. No es una pregunta menor. Hay una cierta tendencia a pensar la comunicación en términos de transmisión de información y, en general, cuando hacemos programas o campañas de promoción de la salud nos pensamos como emisores y pensamos a los otros como receptores.

Desde Comunideas entendemos siempre que la comunicación no se limita a un intercambio de información, sino que lo sustancial son las relaciones que se generan, los procesos de construcción de sentido donde se ponen en relación diferentes actores. Y en lugar de ese modelo lineal que todos estudiamos en la escuela de emisor-> canal -> receptor, cuando me preguntan cómo definiría la comunicación siempre pongo la ilustración que encabeza este post, que aparece en el libro «Noche de Tormenta» de Michele Lemieux.

En esa imagen aparecen muchos de los elementos que, en nuestra perspectiva, definen a la comunicación.

  1. La comunicación va de relaciones. La característica constitutiva de la comunicación es que engloba procesos de construcción de relaciones entre actores que comparten un escenario social.  En la imagen podemos ver los diferentes actores que aparecen en ese escenario concreto porque, aunque parece evidente, no estamos solos en el mundo. Nos construimos en relación con los otros.
  2. Los procesos de comunicación son complejos. Ante la tendencia que algunos tienen a pensar la comunicación como fenómenos mecánicos, esa faceta humana y relacional de la comunicación nos recuerda que se trata de procesos complejos. La realidad social es compleja y también lo son los procesos para ponernos de acuerdo, construir consensos, compartir el sentido de determinados hechos sociales. La imagen refleja esa complejidad.
  3. Los diferentes actores sociales recorremos diferentes caminos. Unos caminos que vienen marcados por nuestras experiencias previas, por nuestros intereses y expectativas, por las herramientas con las que contamos. Por tanto, podemos recorrer diferentes caminos, ya sea porque lo elegimos estratégicamente (de forma consciente) o porque la realidad nos va llevando por allí (involuntaria e inconscientemente), y en esos recorridos le damos distintos sentidos a las cosas, interpretamos el mundo de una forma u otra. 
  4. La comunicación se construye en las intersecciones, en los puntos de encuentro. Si los diferentes actores transitamos por caminos diversos, el desafío y la aportación de la comunicación es ayudarnos a construir colectivamente. Y para poder construir juntos, el punto de partida de la comunicación es siempre el espacio de las intersecciones, donde los sentidos que unos y otros le damos a la realidad se tocan. 

Ponerse en el lugar del otro, como punto de partida para poder relacionarse y entenderse con el otro, esto es básico en comunicación. No podemos comprender la comunicación como bajar un discurso hacia el otro y llenarle la cabeza con determinadas ideas. Como nos sugiere la viñeta de la siempre brillante Mafalda, se trata de entender cuáles son las percepciones, las ideas previas, las concepciones del mundo que tienen las personas o comunidades con las que estamos trabajando, para  ir transformando esas percepciones y construyendo nuevos sentidos sobre determinadas prácticas que tienen que ver con la salud.

Comunicación

Por eso, una idea que debemos reforzar es que la comunicación empieza siempre con los destinatarios. Siempre que estemos planeando una estrategia de comunicación, el punto de partida no lo vamos a poner nosotros, que tenemos nuestros objetivos a nivel de salud pública, sino que nos los van a poner nuestros destinatarios ya que es con ellos con quienes tenemos que trabajar. 

«Una idea que debemos reforzar es que la comunicación empieza siempre con los destinatarios»

¿Qué es la comunicación en salud?

Una definición que me parece muy útil para situar este campo es la ofrecida por el National Cancer Institute and Centers for Disease Control and Prevention (EE.UU) en el conocido como libro rosa «Making Health Communication Programs Work» (2004): La comunicación en salud es “el uso y el estudio de las estrategias de comunicación para informar e influir sobre decisiones individuales y colectivas que mejoran la salud”. 

De esa definición podemos resaltar tres elementos que me parecen fundamentales:

1. Estrategias de comunicación

Estamos muy acostumbrados a hacer antes que a pensar. Los procesos de comunicación, y entre ellos los referidos a la salud, requieren pensar antes de hacer: pensemos cuáles son nuestros objetivos, cuáles son los actores que entran en relación; los espacios de mediación social en los que interactúan; los discursos y mensajes que circulan socialmente; las acciones y productos de comunicación que se utilizan en esos procesos. Y al hablar de estrategias nos recuerda que siempre hay alternativas, más de un camino a seguir.

2. Informar e influir

Decía antes que estamos muy habituados a comprender la comunicación en términos de transmisión de información; evidentemente la información es necesaria para transformar la realidad pero no es suficiente. Necesitamos influir, cambiar percepciones, cambiar formas de ver la realidad y, sobre todo, comprometer a determinados actores para que tomen acción.

3. Decisiones individuales y colectivas

Sabemos que muchas de las cosas que influyen en la salud son decisiones individuales, que cada uno de nosotros toma en el día a día y por eso necesitamos llegar a la sociedad e influir para ir cambiando poco a poco las formas de actuar, nuestros hábitos cotidianos. Pero, además, no solo tenemos que llegar al “consumidor final”, al ciudadano individual al que queremos cambiarle la forma de actuar.

Podemos cambiar la vida de muchísima más gente si influimos sobre otros actores, por ejemplo sobre aquellos que toman decisiones a nivel legislativo; o sobre alguna empresa que presta determinados servicios y que si modifica esa forma de prestar el servicio realmente está beneficiando a la sociedad; o sobre determinado municipio que si transforma el entorno humano puede estar promoviendo o facilitando la realización de actividad física. Por tanto, toda estrategia de comunicación en salud debe tomar en cuenta estos dos niveles de decisiones y actuar en ambos frentes

También puedes ver la conferencia de este post aquí

Aprendizajes de casos concretos 

Ahora quiero enumerar algunos aprendizajes propios que he adquirido en mis 20 años de trabajo en el campo de la comunicación para la salud, en algunos casos en proyectos en los que he tenido el gusto de participar y en otros que observado con admiración. De cada uno de ellos me llevo aprendizajes muy útiles en los procesos de comunicación para la salud.

1. La comunicación es una dimensión constitutiva de la realidad, que tiene que ver con el sentido que le damos a nuestras acciones. Una dimensión más a tener en cuenta en los procesos de construcción social, de transformación de la realidad, y que requiere que los profesionales de la comunicación estemos integrados en el equipo de gestión de esos procesos.

2. Si queremos generar procesos de cambio comunitario, la comunicación tiene que incorporarse desde una perspectiva integral –desde la gestación del programa- e integradora -articular las diferentes miradas de los actores que intervienen-.

3. Los cambios profundos y sostenibles en salud pública requieren de estrategias de comunicación integrales, que vayan acompañadas de la toma decisiones para modificar estructuras o entornos sociales. Un buen ejemplo es lo logrado en los últimos 15 años en España en materia de reducción de accidentes de tráfico, que supuso un conjunto de decisiones políticas y acciones de control de la circulación junto con intensas campañas de información y concienciación social.

Casos de comunicación para la salud

Caso #1 Las campañas de seguridad vial de la Dirección General de Tráfico (España)

4. La comunicación es una dimensión del abordaje de los procesos sociales, pero no resuelve todos los problemas ni modifica la realidad mágicamente.

5. Uno de los pilares de toda estrategia de comunicación es identificar claramente los públicos con los que se quiere establecer una relación o sobre los cuales se quiere influir. Un ejemplo fue la campaña «¿Por qué nosotros no?» del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo, que se dirigió a legisladores y tomadores de decisiones en materia de salud pública para promover que las leyes y demás normativas de consumo de tabaco en España se equiparan a las del resto de Europa.

Casos de comunicación para la salud

Caso #2 Estrategia del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT) para el impulso de modificaciones legislativas en España.

6. Lo anterior nos deja otro aprendizaje: el proceso de cambio puede requerir priorizar los esfuerzos sobre determinado público destinatario en diferentes fases de la implementación. En ese ejemplo, una vez conseguidos los cambios en las normativas de consumo de tabaco el esfuerzo debe volcarse en la sociedad, para que entiendan esos cambios y aprovechen esa oportunidad para reducir el consumo.

7. Los profesionales sanitarios no son los únicos actores protagonistas de los procesos de salud. Ejemplos como el de la Escuela de Pacientes de la Escuela Andaluza de Salud Pública nos demuestran la importancia de incorporar a distintos actores en los procesos de salud. En este caso, son los pacientes como protagonistas los que acompañan y aportan información a sus iguales, desde un espacio de cercanía y empatía que ningún profesional sanitario puede tener porque no comparte esa vivencia de la enfermedad que les afecta.

Escuela de pacientes comunicación y salud

Caso #3 La Escuela de Pacientes de la Escuela Andaluza de Salud Pública (España)

8. Lo anterior nos deja un aprendizaje fundamental: los procesos de salud deben reconocer y legitimar otros actores, discursos y saberes “vulgares“, que emanan de la vida cotidiana y la experiencia de las personas/pacientes. Todos somos productores de sentido.

9. Es imprescindible hablar en el lenguaje de los destinatarios. La campaña de prevención de embarazos no deseados entre los jóvenes que mencionamos a continuación precisamente iba en ese camino, de construir un mensaje pero tomando en cuenta cómo y a través de qué canales se comunican los jóvenes a los cuales se dirige.

Campaña comunicación y prevención en salud

Caso #4 Campaña “Yo pongo condón” para la prevención de embarazos no deseados en adolescentes (Ministerio de Sanidad, Gobierno de España)

10. Una buena estrategia requiere configurar los productos comunicacionales y los espacios de mediación adaptados a las necesidades y características culturales de esos destinatarios.

En conclusión

La comunicación viene a apoyar lo que hacemos a nivel de gestión y en ese sentido debemos pensar las estrategias de comunicación para la salud articulando los tres elementos básicos: cuáles son los actores que están en relación en el programa que nosotros estamos desarrollando, cuáles son los espacios de interacción, de mediación que hay entre los diferentes actores y como tercer elemento, cuáles son los mensajes, los ejes discursivos, las ideas fuerza que queremos trabajar y en qué lenguaje las vamos a explicar.

Las estrategias de comunicación apoyan la toma de decisiones que promueven cambios estructurales y en el entorno social. Es fundamental Identificar los públicos con los que relacionarse o influir en cada momento del proceso.

¿Te interesa la comunicación para la salud? Puedes encontrar más contenidos de interés en la sección «DECIR» de nuestra web 

Este artículo ha sido construido a partir de la teleconferencia «Como construir comunicación en salud» presentada por Hernán Díaz para el Primer Encuentro Provincial de Promoción de Estilos de Vida Saludable, realizado en Neuquén, Argentina en abril de 2019. Mira la conferencia completa aquí:

 

 

Hace algún tiempo participamos en el Impact Hub Madrid en un colaboratorio dirigido a compartir ideas y generar proyectos para el empoderamiento del paciente. En este post rescatamos algunas de las reflexiones e ideas fuerza planteadas en ese espacio por los propios pacientes, profesionales y representantes de empresas del sector sanitario, ideas en las que la comunicación está muy presente.

Cambio cultural, cambiar el eje del sistema sanitario, autonomía, empatía, humanización…. Esos son algunos de los conceptos que aparecieron recurrentemente en el colaboratorio. Y en el trasfondo de ellos aparecen los tres elementos constitutivos de cualquier situación de comunicación: actores, modalidades de interacción, y relatos o discursos.

Empezamos por el último: la forma en que nombramos o representamos la realidad. Un cambio que los propios pacientes señalaron desde el comienzo del laboratorio: dejemos de hablar de pacientes para pasar a hablar de PERSONAS, que tienen una enfermedad o que están interesados en cuidar de su salud. Un primer paso que, más allá del cambio de denominación, supone dejar de cosificarles, de tratarles como objetos, para asumir que son sujetos con derechos que viven y sienten en determinado contexto. Un paso que supone humanizar el sistema y que, obviamente, implica un cambio cultural de nuestro sistema sanitario.

En el laboratorio se habló mucho de incorporar a los pacientes como centro del sistema. ¿Para ponernos a su alrededor, mirarlos, interpretar su realidad y seguir decidiendo qué es lo mejor para ellos desde la perspectiva de las instituciones y los profesionales sanitarios? ¿O para escucharlos, incorporar sus reivindicaciones y puntos de vista, ponerse en el lugar del otro construir un sistema sanitario que hable con ellos de igual a igual? Porque no es lo mismo una cosa y la otra. Qué bueno empezar a a hablar menos de pacientes y más de personas.

Información es poder, eso está claro. ¿Qué información? ¿En qué sentido tiene que fluir la información? En las discusiones afloraban dos modelos muy distintos: uno, que podríamos llamar paternalista, que basado en un modelo de comunicación difusionista e instrumental de tipo unidireccional (desde el sistema y sus profesionales hacia los pacientes) ponía el énfasis en la necesidad de dar información a los pacientes para que supieran más sobre sus enfermedades, pero visto desde la perspectiva de los profesionales del sistema; otro modelo, basado en una comunicación relacional de tipo bidireccional (instituciones y profesionales – pacientes y familias), en el que se proponía escuchar a los pacientes, establecer una conversación con ellos e integrar toda esa información en el sistema como un elemento fundamental para las decisiones de gestión.

Menos pacientes, más personas

El desafío es, por tanto, transformar las relaciones entre los actores, hacerlas más horizontales y más humanas en el sentido más básico del término. ¿De qué forma? ¿Con qué instrumentos? En el trabajo del colaboratorio surgieron varias ideas:
• Incorporar en los centros sanitarios agentes que acompañen a los pacientes en su recorrido y, al mismo tiempo, detecten los insights que permitan mejorar la calidad asistencial;
Escuelas de pacientes, en las que estos sean protagonistas desde el comienzo al final de las acciones planificadas;
• Una acción del tipo TEDxlaempatía para promover una relación horizontal entre profesionales y pacientes; una plataforma social que uniese a personas con una patología;
• O un proyecto en el que los profesionales se “pusieran en los zapatos” de los pacientes, para ver todos los retos a los que se enfrentan para “sobrevivir” dentro del sistema sanitario.

Lo que está claro es que el sistema sanitario puede y necesita cambiar. Y en mi opinión tiene que hacerlo desde relaciones en las que tengamos la capacidad de ponernos en el lugar de otro; reconociendo a esos otros como personas que sienten y viven la salud y la enfermedad a su manera; y desarrollando espacios o instrumentos de interacción que hagan de los centros sanitarios lugares de escucha, diálogo y colaboración entre todos los actores presentes. Comunicación relacional en estado puro.

Hepatitis C y comunicación

El Foro sobre Hepatitis C organizado por la Fundación Más que Ideas y la Federación Nacional de Enfermos y Trasplantados Hepáticos (FNETH) puso de manifiesto la importancia de la comunicación en el abordaje de esta enfermedad. Información rigurosa, contrastada y veraz, la relación entre profesionales sanitarios y pacientes y el diálogo necesario entre los diferentes agentes implicados fueron algunas de las facetas abordadas en el debate.

Está claro que la situación de las personas enfermas de hepatitis C cambió radicalmente cuando, a comienzos del 2014, se conoció el descubrimiento de tratamientos antivirales con una alta efectividad en la curación del virus, lo que algún medio llegó a denominar la ‘penicilina’ de la Hepatitis C. Eso le dio una presencia informativa que antes no había tenido, en gran parte por las enormes expectativas que despertó en los pacientes esta posibilidad de curación pero, también, por el conflicto generado por la dilación de las instituciones sanitarias en definir a qué pacientes se les podría administrar esos tratamientos.

El debate mostró la coincidencia de pacientes, profesionales sanitarios y comunicadores sobre la importancia de que la hepatitis C se haya hecho hueco en la agenda mediática. Donde sí hubo discrepancias fue en el rol que deben asumir los medios de comunicación: mientras pacientes y profesionales reclamaron de los medios información veraz sobre los tratamientos para no despertar falsas expectativas y que asuman un papel en la educación de la ciudadanía, los profesionales de la comunicación defendieron que el rol básico de los medios es informar de forma rigurosa y contrastada.

¿Quiénes deben involucrarse en la educación para la salud?

Como expuse en mi intervención en el foro, no parece razonable reclamar a los medios de comunicación que asuman un rol para el cual no están preparados. Es cierto que los medios de comunicación son una vía muy importante para acceder a información de calidad, condición necesaria para que las personas puedan tomar las decisiones más adecuadas sobre su salud, pero no es menos cierto que no son las únicas vías de información y que hay otros actores que son tanto o más influyentes.

En ese sentido, parece más razonable pensar en que la educación para la salud es un aspecto transversal, en el que debemos trabajar de forma articulada desde las administraciones, los sistemas educativos y sanitario, los medios de comunicación y, obviamente, las asociaciones de pacientes, desde los diferentes escenarios sociales.

Durante el debate también se hizo referencia a una realidad de nuestros días: si los pacientes no reciben información de calidad de parte de sus pacientes, e incluso cuando la tienen, buscan información en otras fuentes que pueden no ser del todo fiables, por ejemplo el conocido Dr. Google. Asumiendo que esa es una realidad que no se puede negar, profesionales sanitarios y pacientes coincidieron en la importancia de trabajar en una buena comunicación y el diálogo entre ambos.

Si bien el debate estuvo centrado sobre todo en los aspectos informativos de la hepatitis C, quiero cerrar esta análisis refiriéndome a los aspectos estratégicos de la comunicación de las organizaciones. Fue muy criticada la ausencia del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad en este foro, pero en realidad es que esta incomparecencia seguía la línea de su estrategia de comunicación en este tema desarrollada en los últimos meses.

¿Estamos ante un problema de comunicación, o de determinadas decisiones políticas que además luego no son explicadas adecuadamente? ¿Puede la comunicación resolver los problemas que no resuelve la política?

Claramente, no. Hay un ámbito de toma de decisiones de gestión que no puede sanar más y mejor información. En el caso de la hepatitis C, lo que se aprecia es una colisión de intereses entre unos pacientes que legítimamente reclaman unos tratamientos médicos que pueden salvarles la vida, frente a una administración que, denuncian los pacientes, dilata las decisiones y limita la administración de los fármacos por las restricciones económicas a las que está sometida. Pero, si bien la comunicación no puede resolver este último problema, el de las restricciones económicas, una estrategia de comunicación encaminada a facilitar el diálogo entre los diferentes actores serviría para canalizar los reclamos y buscar soluciones conjuntas o, al menos, para que los pacientes sientan que se les escucha y se hace todo lo posible para darles una respuesta.

En el fondo, el desafío parece estar en avanzar hacia una administración pública que deje de pensar su comunicación exclusivamente en términos de información pública, en un sentido unidireccional y centrada en los medios de comunicación, hacia un modelo de comunicación bidireccional simétrico, en lo que se prime sea la construcción de relaciones de confianza que promuevan el diálogo con los diferentes actores sociales.

Si quieres ver un vídeo resumen del Foro sobre Hepatitis C, pincha aquí.

Viviendo en la sociedad de la información, a muchos se les olvida que la comunicación, sea cara a cara o mediada por algún soporte, supone siempre y antes que nada una relación entre personas. En este artículo se analiza esa cuestión en el ámbito de las relaciones entre profesionales sanitarios y pacientes. Leer más