La práctica de los comunicadores no se limita al trabajo en los medios ni al análisis de los fenómenos mediáticos. La ponencia plantea que toda práctica social puede ser analizada desde la comunicación, porque en ella se producen sentidos, se construyen relaciones y se constituyen actores individuales y colectivos. El comunicador es, por tanto, un profesional situado en un contexto histórico, cultural y político concreto.
Desde esta perspectiva, conocer una realidad implica interpretarla e intervenir en ella. La práctica profesional exige articular teoría y acción, reconocer las relaciones de saber y poder, trabajar desde la complejidad y hacer explícitas las opciones éticas y políticas que orientan la intervención. El comunicador aparece así como un facilitador capaz de promover el diálogo, construir relaciones, dar visibilidad a los actores y articular diferentes saberes y prácticas.
En el campo de la salud, la ponencia cuestiona los modelos centrados en transmitir información desde las fuentes expertas hacia destinatarios pasivos. Como alternativa, propone integrar la comunicación en las prácticas culturales, reconocer los saberes científicos y comunitarios, promover el aprendizaje social y desarrollar una mediación pedagógica que facilite la comprensión y la participación. El objetivo es contribuir a una cultura de la calidad de vida vinculada con las experiencias cotidianas de las personas.