El material parte de la relación entre la promoción de la salud y la comunicación, entendidas como perspectivas que buscan fortalecer la capacidad de las personas y las comunidades para tomar decisiones saludables. Delimita qué puede aportar la comunicación —generar conocimiento, influir en las percepciones, favorecer aprendizajes, motivar para la acción o fortalecer alianzas— y también sus limitaciones cuando no forma parte de programas de intervención más amplios.
A continuación, analiza dos modelos de comunicación aplicados a la promoción y la educación para la salud. Frente al modelo informacional, basado en la transmisión de mensajes desde un emisor hacia un receptor, propone un modelo relacional que reconoce la participación de diferentes actores, las percepciones y representaciones culturales, y la importancia de las mediaciones y las redes comunitarias.
Por último, ofrece recomendaciones para incorporar la comunicación a los programas comunitarios: integrarla en el diagnóstico, definir objetivos alcanzables, planificar etapas graduales, promover la participación, contar con líderes y referentes de la comunidad, segmentar las acciones, adaptar el lenguaje, buscar enfoques creativos y mantener la flexibilidad. Estos criterios se ilustran con distintas experiencias, especialmente con el Proyecto de Demostración Nacional Balcarce para la prevención del infarto en Argentina.